sábado, 27 de abril de 2019

El lado espiritual de la vida


Víctor Cardona Galindo
Convencido estoy que: El Buda meditaba debajo de un árbol de mango, ahí alcanzó la iluminación. Pero como los mangos son comunes en la India. Sus seguidores buscaron el árbol más raro, coposo y de ramas laberínticas. Pensaron, tal vez, que un mango no se vería tan exótico en los tatuajes. Para vestirlo con mayor misticismo le llamaron el árbol de la vida y dijeron que bajo su sombra el maestro alcanzó el nirvana.  

Pero solamente aquellos que han probado un mango de miel, saben lo que es llevarse a los albures con los dioses. Solamente aquel que ha probado un mango sabe lo que es sentir el lado espiritual de la vida.
Convencido estoy que: si a Newton es lugar de caerle una manzana en la cabeza, le hubiera caído un mango, hubiera escrito un poema en lugar de escribir la ley de la gravedad. Total tarde o temprano todos nos damos cuenta que las cosas se caen para abajo y cuanto más alto estén más duro es el chingadazo. Y un mango por más alto que caiga, siempre será sabroso, aunque esté mallugadito. 


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