jueves, 29 de noviembre de 2018

Carta a la mujer verde


Víctor Cardona Galindo
Chilpancingo Gro, 27 de octubre de 2018
Mi amada señorita Verde:

Hace muchos años que no sé de usted. Espero que en algún lugar del mundo esté feliz disfrutando de la compañía de sus hijos cafés.
Quizá usted no sepa quién le escribe, pero la admiré en la escuela, se sentaba usted junto a la señorita Violeta y caminaba por los pasillos del plantel acompañada de Azul. Mientras tanto yo le escribía poemas de verde amor, de verde esperanza y de verde vida.
Quisiera saber, si con los años, usted quisiera ser mi amiga. Hablar de vez en cuando, aunque sea por carta, tratarnos, saber uno del otro. Aunque confieso, que durante nuestra estancia en el colegio, usted nunca me pudo ver.
Sin más quedo de usted.
El Hombre Invisible

jueves, 22 de noviembre de 2018

El miedo


Víctor Cardona Galindo
Un día desee que el miedo fuera redondo, como una bola de goma, tal vez un balón, para darle un puntapié y arrojarlo lejos. Pero me encontré que el miedo es un jinete y espolea duro. El miedo no anda el burro, viene a caballo. Llega duro, de prisa, azotando hacia los lados con su látigo de fuego.
Petrograbado en la zona arqueológica de Los Tanques, 
en las inmediaciones de la colonia Buenos Aires. En Atoyac de Álvarez. 

El miedo no tiene cara, pero si es una cabeza de medusa con cien serpientes. El miedo flota en la soledad, cabalga en las noches. Se alimenta de oscuridad y de la duda.
El miedo viene, está afuera, pero corroe por dentro, alimenta sus monstruos de nosotros. Nos consume. Es fuego gris, que callado, poco a poco nos va convirtiendo en cenizas.

domingo, 11 de noviembre de 2018

Lorenzo González Díez


Víctor Cardona Galindo
El español Lorenzo González Díez instaló la primera sinfonola en San Vicente de Benítez. También puso el primer molino, la primera planta de luz y una despulpadora de café en esa comunidad. Al motor de la máquina le decían chireta porque estaba muy largo y fue trasladado  a la sierra en 1948 a lomo de burro. Esta acción la replicó en San Vicente de Jesús y en San Francisco del Tibor en 1952 y 1954.
Lorenzo González Díez

Las primeras máquinas piladoras de café que hubo en Atoyac las construyó Lorenzo González para José Navarrete y Raúl Galeana Estévez.
Lorenzo González llegó a nuestra tierra cuando el presidente Lázaro Cárdenas le abrió las puertas a los exiliados españoles. Nació en Madrid el 23 de septiembre de 1908, era hijo de José González de la Torre y Bueno y de Consuelo Díez. Cuando llegó ya había aquí otros españoles como Antonio Palós Palma, José Ferreiro y Francisco Castaño.
Don Lorenzo mucho iba al lugar conocido como el Danubio Español donde se reunían los españoles exiliados en México. Se casó con Rosa Elia Rivero Reyes de Ometepec y tuvieron cinco hijos: José Daniel, Michey; Julio Lorenzo, María de los Ángeles, Luis y Consuelo. A este distinguido hispano, que dejó mucha descendencia en Atoyac, se le recuerda como buena persona. Cuando el jornal se pagaba a 75 centavos él lo pagaba a un peso, en la sierra, y en la cabecera a un peso con 50 centavos.

lunes, 5 de noviembre de 2018

Vales lo que rentas


Víctor Cardona Galindo

El asunto de la pobreza, no es simple ni superfluo, no el como dicen muchos, que es un asunto de flojos y trabajadores, tiene que ver con las fuentes de la riqueza. En manos de quien están.
La pobreza o riqueza se mide en las rentas de cada quien.
Ruinas de la fábrica de El Ticuí. Foto: Víctor Cardona Galindo

El pobre renta únicamente su fuerza de trabajo. La clase media renta su fuerza de trabajo sus conocimientos y su talento. Los ricos nos rentan además de sus conocimientos, talento los servicios de comunicación y sus propiedades. Rentan su capital para obtener ganancias. ¿Cuantas son tus rentas? Es lo que mides en la escala social.

domingo, 4 de noviembre de 2018

Los fenómenos naturales afectan a los más pobres



Víctor Cardona Galindo
Por encima de lo que digan muchos, la violencia es un factor asociado a la pobreza, al resentimiento social, pero además el temor inhibe a los ciudadanos a buscar trabajo, muchos no quieren salir de sus casas, otros han perdido la vida buscando trabajo en ciudades desconocidas. Pero también, la violencia de los últimos años, vinculada al crimen organizado, solamente ha afectado a los pobres. Los jovencitos que se inmolan en esta guerra de parte del crimen organizado, son pobres. Pero también son pobres los soldados y policías que han caído abatidos por las balas. La pobreza los lleva a la muerte.
Perros que conducen las almas al inframundo. Petrograbado
en las inmediaciones de la colonia Buenos Aires, en el ejido de El Humo. 

La búsqueda de trabajo de los padres en otras latitudes, trae consigo la desintegración familiar y por ende más resentimiento social. Más violencia en el hogar y abandono.
La gente más vulnerable culturalmente es la carne de cañón de los políticos que se enriquecen a sus expensas. Según los datos a los que tuve acceso son 13 millones de mexicanos en situación de pobreza que viven en 319 municipios vulnerables al cambio climático. No vamos lejos, con la ventisca del 23 de agosto del 2018 en Atoyac, solamente salieron afectados los que viven en casas maltrechas y sin mantenimiento. Los temblores también derriban las casas maltrechas de los más pobres. Las grandes crecientes se llevan las casas de los más pobres, que sin más opción construyen las casas en laderas de las barrancas, y para muestra hay muchos casos.
Hablando de la ventisca del 23 de agosto. Es la segunda vez en mi vida que veo que una tormenta se regresa, estaba en lo alto y vi como los rayos comenzaron en el cerro que está al poniente de El Ticuí, de allá vino y en manos de media hora ya teníamos el viento encima haciendo destrozos. La primera vez que vi una tormenta así, fue en el año 2015 cuando nos preparábamos para deleitarnos con la música de la Luz Roja de San Marcos. La lluvia vino de ese mismo cerro y destruyó el baile que organizaban Las Caravanas por la paz que promovió el gobierno de Rogelio Ortega.

sábado, 3 de noviembre de 2018

Los calcetines huérfanos

Víctor Cardona Galindo
Desde niño fui víctima de los calcetines huérfanos. No recuerdo cuando comenzó, siempre pensé que tal vez fuera una maldición de alguna aprendiz de gitana trasnochada, que perdidamente enamorada de mí, me condenó a esto. Bueno eso es lo de menos, pero lo cierto es que dicha maldición me siguió hasta mi último viaje. Me llevé a París seis pares de calcetines nuevos que tenía reservado para la ocasión. Había pensado caminar con ellos toda la rivera del Sena. Conforme los fui usando los deposité en una bolsa de plástico, al dejar el hotel me fijé bien debajo de la cama. No había olvidado nada.
De regreso a casa yo mismo los eché a la lavadora, después de lavarlos, los saqué y los puse a secar, pero luego al devolverlos al cajón de donde salieron rumbo a París, no estaban completos. Los busqué, sólo estaba uno de cada par. Los busqué por todos lados, no los encontré. Me consolé juntando uno con otro parecido, para volverlos a usar. Entonces fue cuando dudé de aquella hipótesis, que una joven gitana enamorada, al ver mi indiferencia, me echó esa maldición. Ahora pensé que tal vez se trataba de mi duende de la guarda. Un pequeño Ente travieso que esconde los calcetines y que siempre va oculto en mi equipaje.

viernes, 2 de noviembre de 2018

El Hilo



Víctor Cardona Galindo
El hilo es el chile de todos los moles. Se hilvanan historias y se teje la ropa. El hilo que nace torcido y jamás su cuerpo endereza, está en todos los mejores destinos. Cubre nuestras vergüenzas y es cómplice del pecado. Un hilo limpia los dientes y otro pesca en el mar. Penélope tejía su sudario con un hilo inacabable, infinito. Con hilo de esperanza.
Le encuentras el hilo a un tema o le pierdes el hilo a la historia. No descubres el hilo negro a pesar de que te creas el agua tibia. Si no sabes tejer fino en la vida, serás una aguja sin hilo.
El hilo más endeble es el de la araña y sin embargo sostiene un hogar, que a la vez también es una trampa y fuente de alimentación.
Nadie escapa al destino de conocer a su media naranja cuando están amarrados con el hilo rojo del amor. Todos estamos sostenidos al hilo del destino como si fuéramos un cometa, cocol o culebrina. Papalote que sin  hilo pierde estabilidad y cae, cae.
Cuando los hilos de plata aparecen, la juventud se ha ido. Aunque también hay hilos de oro, hilitos de agua, hilitos de sol. Estamos buscando siempre el hilo de la madeja porque queremos salir del enredo o del embrollo. Encontrarle la cuadratura al círculo.


Frases de Herman Hesse en Siddhartha