Víctor Cardona Galindo
Convencido estoy que: El Buda meditaba debajo de un árbol de
mango, ahí alcanzó la iluminación. Pero como los mangos son comunes en la
India. Sus seguidores buscaron el árbol más raro, coposo y de ramas
laberínticas. Pensaron, tal vez, que un mango no se vería tan exótico en los
tatuajes. Para vestirlo con mayor misticismo le llamaron el árbol de la vida y
dijeron que bajo su sombra el maestro alcanzó el nirvana.
Pero solamente aquellos que han probado un mango de miel,
saben lo que es llevarse a los albures con los dioses. Solamente aquel que ha
probado un mango sabe lo que es sentir el lado espiritual de la vida.
Convencido estoy que: si a Newton es lugar de caerle una
manzana en la cabeza, le hubiera caído un mango, hubiera escrito un poema en
lugar de escribir la ley de la gravedad. Total tarde o temprano todos nos damos
cuenta que las cosas se caen para abajo y cuanto más alto estén más duro es el
chingadazo. Y un mango por más alto que caiga, siempre será sabroso, aunque
esté mallugadito.