Víctor Cardona Galindo
Un
día desee que el miedo fuera redondo, como una bola de goma, tal vez un balón,
para darle un puntapié y arrojarlo lejos. Pero me encontré que el miedo es un
jinete y espolea duro. El miedo no anda el burro, viene a caballo. Llega duro,
de prisa, azotando hacia los lados con su látigo de fuego.
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Petrograbado
en la zona arqueológica de Los Tanques,
en las inmediaciones de la colonia
Buenos Aires. En Atoyac de Álvarez.
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El
miedo no tiene cara, pero si es una cabeza de medusa con cien serpientes. El
miedo flota en la soledad, cabalga en las noches. Se alimenta de oscuridad y de
la duda.
El
miedo viene, está afuera, pero corroe por dentro, alimenta sus monstruos de
nosotros. Nos consume. Es fuego gris, que callado, poco a poco nos va
convirtiendo en cenizas.

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