jueves, 22 de noviembre de 2018

El miedo


Víctor Cardona Galindo
Un día desee que el miedo fuera redondo, como una bola de goma, tal vez un balón, para darle un puntapié y arrojarlo lejos. Pero me encontré que el miedo es un jinete y espolea duro. El miedo no anda el burro, viene a caballo. Llega duro, de prisa, azotando hacia los lados con su látigo de fuego.
Petrograbado en la zona arqueológica de Los Tanques, 
en las inmediaciones de la colonia Buenos Aires. En Atoyac de Álvarez. 

El miedo no tiene cara, pero si es una cabeza de medusa con cien serpientes. El miedo flota en la soledad, cabalga en las noches. Se alimenta de oscuridad y de la duda.
El miedo viene, está afuera, pero corroe por dentro, alimenta sus monstruos de nosotros. Nos consume. Es fuego gris, que callado, poco a poco nos va convirtiendo en cenizas.

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