Cuando éramos jóvenes la Unión de Republica
Socialistas Soviéticas (URSS) era el ejemplo de lo que queríamos para nuestra
sociedad. Finalmente el modelo soviético cayó. Eso no quiere decir que también
haya caído la necesidad de una sociedad más justa. Desde niños nuestra
intuición nos dijo que no era justo que unos tuvieran huaraches de sobra y
otros nada. Que unos comieran manzanas todos los días y otros apenas llegaran a
probarla en años. Eso nos llevó a pensar en construir una sociedad sin pobres,
donde todos gozáramos de los productos de la madre tierra y donde todos
tuviéramos acceso a la tecnología y a su disfrute.
Ahora sabemos que el problema de la pobreza es
estructural. No es únicamente la simpleza de quien es más flojo y quien es más
trabajador. Tiene que ver, entre otras cosas, en que manos están las fuentes de
riqueza.
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