Víctor Cardona Galindo
| Un primavero |
Tenía una casa en un árbol, donde una mujer
blanca cocinaba para mí, todos los días, comida vegetariana. Cada vez que yo
quería teníamos sexo, libres en el campo. Ella era cariñosa y alegre. Cuando
desperté, los pies me colgaban de la hamaca, no era Tarzan, había cenado un
plato de carne de cuche con arroz y cuando busqué a mi negrita para hacer el
amor, me dijo que le dolía la cabeza. Estaba muy enojada.
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